Enllaç de la web del sindicat   www.uspac.cat

Total de visualitzacions de pàgina:

dissabte, 21 de desembre de 2013

Feu tard

Ens queda MOLT clar: si tenim un problema al carrer, els imputats serem NOSALTRES, i als que aparataran del servei és a NOSALTRES, NO als que esteu al 2n pis o al despatx.

Interior teme que cunda el desánimo entre los mossos por el caso Raval

La cúpula policial reúne a las plantillas de todas las comisarías de Catalunya para expresar su confianza en ellas | Hay agentes que estudian instalarse micro cámaras de vídeo en el uniforme pese al riesgo a ser sancionados

21/12/2013
Interior teme que cunda el desánimo entre los mossos por el caso Raval
Un mosso antidisturbio lanza un proyectil en una pasada huelga general ACN / Archivo
 
El Departament d’Interior teme que la imputación de 10 mossos d’esquadra en relación a la muerte del empresario Juan Andrés Benítez tras su detención en las calles del Raval esté minando la motivación de los policías desplegados por toda Catalunya y, en especial, la de la plantilla de la ciudad de Barcelona. Para tratar de paliar ese fenómeno, se han celebrado una serie de reuniones en todos los centros de trabajo de los Mossos d’Esquadra. En ellas, diferentes mandos se han citado con los agentes a su mando para trasladarles “confianza y tranquilidad”. Esas reuniones o briefings, como se conocen en el argot de la policía autonómica, se han realizado por orden de la cúpula del cuerpo preocupada por la moral de las “estructuras”.
Las primeras reuniones se pusieron en marcha en diferentes puntos de toda Catalunya hace aproximadamente unas tres semanas y ya han concluido. El objetivo principal de las charlas era trasladar a las bases que dirección policial tiene plena confianza en ellas pese “a la espiral mediática y social” generada por el caso de la muerte de Benítez, según el argumentario diseñado por la dirección de los Mossos. Según diversas fuentes consultadas, se trasladó a las plantillas que el trabajo policial de los Mossos d’Esquadra es bien valorado por la ciudadanía, que en líneas generales “está contenta” con la labor de la policía autonómica que, según estas fuentes, “es en general buena”. Se dijo también en esas reuniones que el tejido asociativo de las principales ciudades ha expresado una amplia “satisfacción” por el tipo de relación que mantiene con el cuerpo autonómico.
Esta no es, sin embargo, la primera vez que se pone en marcha una iniciativa interna destinada a levantar la moral del cuerpo. Durante la llamada crisis de los cuatro de Les Corts, en 2007 ya se puso en marcha un dispositivo parecido. En aquella ocasión, cuatro policías de esa comisaría barcelonesa fueron imputados porque Asuntos Internos –que había colocado una cámara oculta en la sala de cacheos- y un juez entendieron que se habían sobrepasado con un detenido a la hora de reducirlo en calabozos. Todos ellos fueron finalmente absueltos de los cargos, pero durante meses el asunto levantó un revuelo que guarda cierto parecido con lo ocurrido en el Raval, sólo que entonces el detenido no acabó muerto.
En referencia estricta a lo ocurrido con la imputación de los diez agentes de Ciutat Vella, en estas reuniones recientes se dijo a la plantilla que la cúpula –a diferencia de la juez instructora- cree que los policías actuaron bien en líneas generales cuando redujeron a Benítez. A la espera del desenlace judicial del asunto, se quiso insistir a la plantilla que “un hecho aislado no debe llevar al desencanto o la desmoralización”.
Este último apartado es el que más preocupa en la cúpula policial. Es el que más temen. Especialmente en la plantilla barcelonesa, hay una parte de los agentes que dan muestran de gran preocupación, según ha podido saber este diario. Algunos de ellos, incluso en el contexto de estas reuniones o de otras que se forman de manera espontánea en vestuarios o zonas para comer, han planteado a sus superiores la posibilidad de incorporar a sus uniformes pequeñas cámaras de botón que con un gesto fácil serían capaces de ponerse a grabar con un sencillo movimiento del agente. “Algunos están dispuestos a instalárselas de inmediato porque prefieren ser sancionados por una falta administrativa que verse expuestos a una intervención callejera comprometida y no tener elementos de prueba que les exculpen”, explica un mando que, como todos los mossos d’esquadra consultados para este reportaje, han pedido expresamente que se oculten sus nombres.
Además de las cámaras de botón en el uniforme, el caso de la muerte de Benítez y la imputación de 10 mossos de Ciutat Vella, ha reabierto el debate sobre la instalación de cámaras de vídeo en los coches patrullas, una reclamación que ha dejado de estar circunscrita a las demandas sindicales y que se extiende entre miembros del cuerpo que ni siquiera sienten simpatía por los representantes de las centrales. “Trataríamos de llevar a cabo identificaciones y detenciones frente al coche patrulla, como muchas policías en Estados Unidos”, afirma un miembro del cuerpo.
La cúpula policial es consciente de estos debates. Incluso aquellos que de forma improvisada se celebran en los pasillos de las comisarías o en los cafés donde se para unos minutos a hacer una pausa. Durante las citadas reuniones destinadas a levantar el ánimo de las plantillas se recordó a sus miembros que debían prestar gran atención a la hora de actuar en “las operaciones más críticas” y ceñirse bien a los protocolos. Los máximos responsables del cuerpo, incluidos sus responsables políticos, temen no sólo esa posible desmotivación sino a la distancia cada vez mayor que creen detectar entre las escalas básicas y los mandos a partir de inspectores. Algunos mossos de a pie han perdido la confianza en sus jefes. Ciertos sectores hubieran deseado que un pronunciamiento como el realizado de puertas adentro su hubiera hecho de forma mucho más decidida también de puertas afuera.
Las órdenes para que se empezaran a hacer reuniones con la plantilla para cerrar filas con ellas tras el estallido del caso del Raval se dieron en una reunión del alto mando policial celebrada durante la primera quincena de noviembre. Allí se trasladó a los comisarios y otros jefes de alto nivel la obligación de celebrar esos encuentros y de trasladarlo a sus subordinados. Según las diferentes fuentes policiales consultadas, las instrucciones se ciñeron básicamente al terreno técnico y así fue en la mayoría de comisarías y centros de trabajo. Sin embargo, tal como ha podido corroborar este diario y quizá con la intención de ganarse a un sector del auditorio o de lograr una mayor atención, alguno de los responsables de dar la charla se adentraron en el resbaladizo pavimento del llamado proceso soberanista para explicar lo sucedido como si se tratara de un ataque externo. “Se nos dijo que debíamos entenderlo en el marco actual de relaciones con Madrid, que todo esto era un ataque a Catalunya a través de los Mossos. En nuestra comisaría, nadie se lo creyó. Hubo incluso uno que preguntó si la jueza del caso Raval trabajaba aquí o en la capital de España”, explica un miembro del cuerpo al recordar la reunión a la que asistió.