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dimarts, 21 d’octubre de 2014

10 errors fatídics

MOLT DE COMPTE!!!
 
PSICOLOGÍA DEL ENFRENTAMIENTO ARMADO: ¿Y AHORA QUÉ
  
Voy a comenzar estas líneas disculpándome, si  fuera  necesario, por lo que alguien pueda considerar una intromisión de un  total desconocedor en el mundo de la neurociencia, tan de moda últimamente en el ámbito policial; en los tan referidos enfrentamientos armados.

Estamos viendo como cada vez son más los autores que publican estudios, de mayor o menor rigurosidad, 
que nos dicen como se comporta un policía ante estas situaciones extremas. Como cuando nuestra vida está en peligro directo y grave el control de nuestras reacciones y comportamiento pasan a ser mandados y dirigidos por la tan referida amígdala. Como surge nuestro yo más primitivo, nuestro yo reptiliano, provocando reacciones de huida, lucha o bloqueo.

Apoyándose en una serie de intervenciones, vídeos etc…  extraen una serie de conclusiones que justificarían esa intervención, esa reacción….y la verdad es que son muy interesantes, sobre todo como concluyen otros (gran compañero) para que Judicatura sea conocedora de que no somos supermanes y que eso que la legislación nos pide no es tan fácil de trasladar del papel y la comodidad del sillón donde se elaboró, a la cruda realidad de una intervención imprevista, imprevisible e inesperada.

Casi siempre se concluye lapidando con la necesidad del entrenamiento policial, no solo el tiro básico de puntería o esa formación que hemos recibido como inicio en nuestras andaduras cuya finalidad era hacernos conocedores a todos nosotros, ignorantes de las armas, de su manejo con seguridad, sino cualquier otro más elaborado, específico o determinado.
 

Entonces ahora……¿qué podemos hacer?....¿salir a la calle a esperar que mi reptiliano sea quien decida; quien reaccione?
 
He leído como el hombre reacciona evitando, huyendo para finalmente aflorar el policía e intentar reaccionar… entonces… ¿por qué un boxeador entrenado, profesional, a pesar de estar en una situación en la que pone en peligro directo su integridad corporal no reacciona de esta manera?. Este hombre no huye, no parece que aflore su yo primitivo ni parece haber olvidado su técnica de guardia y golpeo, sigue en su enfrentamiento hasta el punto de caer inconsciente al suelo… ¿Por qué en los miembros de las unidades o grupos de operaciones especiales, cuando afrontan intervenciones de alto riesgo en las que la situación acaba en estos referidos enfrentamientos armados, tampoco se observa esta reacción?. ¿Es que acaso son extraterrestres, son robots?. Ya sabemos que la respuesta es NO.

Seguro que alguien me podrá decir que estoy cometiendo un error al hacer esta comparativa, y es posible, pero mi conclusión se llama “mentalidad del combatiente” “actitud preventiva-reactiva” y es muy posible que algún estudioso de la materia me de la razón.


¿Qué es la mentalidad del combatiente?; ¿la actitud preventiva-reactiva?. Pues es la actitud que ha de tener y dominar todo policía, una actitud tan fácil de explicar como difícil de mantener… Un policía tiene que ser un analista en prevención de riesgos laborales instantáneo, analizar de forma natural y previa todas sus actuaciones, hasta la más simple, para poder determinar rápidamente dónde puede estar el peligro, por donde y de qué manera puede venir la agresión, para, al igual que el boxeador, tener prevista la guardia, el golpe… mi reacción.
Es decir, que lo que tantas veces hemos oído es la cruda realidad: la rutina mata, la rutina me hace confiado, la rutina me hace holgazán… pero ¿por qué no tener esa mentalidad preventiva-reactiva interiorizada al 100%?. De esta forma ocurrirá que la (mi) rutina sería eso, la seguridad. La causa del porqué estas mentalidades no afloran de forma generalizada ya sabemos todos a que es debido, desgraciadamente. Por lo que esta situación, es la que nos arrastra a no tener una táctica interiorizada, una reacción en la que confiar y  así  es como paso a estar a  merced de mi amígdala, para que sea ella la que reaccione, porque ella si lo va hacer en mejor o peor medida.

Por todo ello y desde mi punto de vista, esta actitud debería basarse en un pilar básico de diez puntos establecidos hace ya algún tiempo en lo que fue el Seminario de Supervivencia Policial de Cincinnati, Ohio 1997:

  
10 ERRORES  FATALES  QUE  MATAN  POLICÍAS
 

1.  La actitud. 

Si no nos concentramos en nuestro trabajo mientras estamos de patrulla o nos llevamos los problemas de casa, empezaremos a cometer errores y esto puede costarnos caro.

2.  El síndrome de Superman. 

Nadie duda que somos policías, pero ante cualquier situación en donde el tiempo lo permita, esperemos apoyo. Hay pocas ocasiones en las que deberíamos intentar llevar a cabo una intervención solos y sin ayuda.

3.  No descansar suficiente. 

Para hacer nuestro trabajo debemos estar alerta. Estar adormilados no sólo es ir en contra del buen hacer, sino que nos deja a merced de cualquiera que quiera sorprendernos y facilita que cometamos errores.

4.  Adoptar una mala posición. 

Nunca permitamos a nadie con quien vayamos a intervenir que se sitúe en mejor posición que la nuestra o la de nuestro vehículo. Nada es rutina.

5.  Signos de peligro. 

Como policías debemos ser capaces de reconocer los “signos de peligro”: posturas adoptadas, movimientos ocupantes de un coche sospechoso, abultamientos en la ropa, etc., que deberían alertarnos para incrementar la seguridad y aproximarnos con precaución.

6.  No fijarse en las manos. 

¿Dónde están las manos?. ¿Esconde un  arma?. ¿Está preparándose para golpearnos?. ¿De dónde nos va a venir una amenaza directa y mortal si no es de las manos?

7.  Relajarse demasiado pronto. 

Las constantes falsas alarmas hacen que bajemos la guardia. No debemos tomar ninguna llamada como otra falsa alarma pues está nuestra vida en juego. Igualmente no debemos relajarnos en intervenciones en las que estemos hablando normalmente con las personas a las que estamos identificando. La intervención se acaba sólo cuando cada uno sigue su camino o cuando la detención se ha materializado totalmente.

8.  No engrilletar  correctamente o no engrilletar. 

Una vez hayamos detenido a alguien debemos engrilletarlo adecuadamente y por detrás. No estamos en la cabeza de los detenidos, ni sabemos cuanto se juegan.

9.  Cachear superficialmente o no cachear. 

Hay muchos lugares en los que pueden ocultarse armas, que si no descubres pueden suponer más tarde un peligro para ti o para cualquier otro compañero. 

10.  Armas sucias o inoperativas. 

¿Está tu arma limpia?. ¿Funcionaría si la necesitaras?. ¿Y qué tal la munición?. ¿Podrías ahora mismo defenderte con ella de un ataque contra tu vida o la de otros?

 
¡Vale! Supongamos que ya como policía he asimilado estos preceptos como pilares básicos del día a día; ¿y ahora qué?. Si resulta que en muchos ámbitos, foros, coloquios, charlas, cursos, jornadas etc... me dicen, por activa y por pasiva, que la formación / instrucción / reciclajes de tiro.. no valen para nada... ¿realmente es cierto?; y si lo es, ¿qué podemos hacer?.

Puedo asegurar que el entrenamiento, aunque insuficiente e inadecuado o poco orientado,  sirve ya que todo el mundo, capaces y menos capaces, pasan por el contribuyendo a esto, en mayor o menor medida, a nuestra mejora en el adiestramiento de las armas. Como ya es bien sabido por muchos profesionales “más importante es la seguridad y la táctica en el empleo de las armas que la propia puntería”.

Muchos diréis ¡muy bien!; esto que se comenta puede resultar llamativo e interesante, pero...  ¡no me dices nada en concreto!

La razón es debido a que seguro que alguien aprovecha estas líneas para sacar un mega-ultra-super curso orientado a estas situaciones de enfrentamientos armados, con alguna técnica de tiro innovadora y super eficaz… a coste “ínfimo”, seguro.
 
Mientras se produce este resultado o no, ya os adelanto que el coste de estos entrenamientos en el que se consiga alcanzar un grado adecuado de manejo  hasta el punto de que mi subconsciente confíe en él como algo instintivo, es bajísimo. SOLO QUEDA TRABAJAR EN ELLO: D.T.T.